XacopediaHugo

Religioso, escritor y obispo (Francia ?-Oporto 1136). Obispo de Oporto, fue la mano derecha de Diego Gelmírez y un personaje decisivo en el devenir de la diócesis compostelana (ss. XI-XII). López Ferreiro, compilador de la Historia de la Iglesia de Compostela a finales del siglo XIX, refiere que probablemente fuese de origen francés. Estaba vinculado a la Orden de Cluny y fue uno de los redactores del libro I de la Historia Compostelana, escrita en la primera mitad del siglo XII.

Hugo destacó como uno de los grandes diplomáticos de su tiempo hasta el punto de gestionar para Gelmírez el título de arzobispo de Santiago de Compostela en el momento álgido de su carrera (1120). Años antes (1112) Gelmírez había logrado convertir a Hugo en obispo de la Sede Episcopal de Oporto como recompensa a los múltiples servicios prestados. Anteriormente había sido capellán, canónigo de la Iglesia compostelana y arcediano de la diócesis.

Los historiadores y estudiosos desconocen los motivos de la elección de Hugo para un obispado tan significativo como Oporto, aunque algunos como A. Herculano sostienen que la razón se encuentra en las relaciones diplomáticas “secretas” que mantenía Gelmírez con la condesa portucalense Teresa, quien intercedería ante el arzobispo bracarense para dicho nombramiento.

Entre Gelmírez, Santiago y Hugo se estableció una estrecha relación en pos de convertir Compostela en el centro cristiano del noroeste peninsular, motivo por el que viajó en repetidas ocasiones y de manera frecuente a Santiago de Compostela, en calidad de amigo, religioso, diplomático y hombre de poder.

Hugo escribió y fue protagonista del que probablemente sea el hecho más controvertido de la Historia Compostelana. En este capítulo, redactado en torno a 1108-1112, se narra el traslado en 1102 de las reliquias de San Fructuoso, San Silvestre, Santa Susana y San Cucufate a Compostela desde diversas iglesias al otro lado del Miño -y por tanto en territorio de la diócesis bracarense- realizado previsiblemente por el propio Hugo. Dichas reliquias fueron reunidas en el relicario de la catedral compostelana en el siglo XVI y devueltas a Braga en el XIX.

Este suceso sería la punta de iceberg de los problemas entre Braga y Santiago, cuyo fondo era la disputa por la primacía religiosa en el noroeste peninsular. Braga como sede arzobispal de tiempos suevos quería mantener esa primacía, mientras que Compostela intenta aplicar nuevas directrices basadas en su superioridad espiritual, pues poseía la tumba del Apóstol. A estas diferencias habrá que sumar poco después los problemas políticos derivados de la escisión del territorio portucalense, y por ende de Braga, del reino castellano-leonés gobernado por Alfonso VII.

Durante los años siguientes a su designación como obispo, Hugo desplegará una frenética actividad diplomática al servicio de Compostela, aunque en ningún momento descuidará aquellas cuestiones que afectan a su propia diócesis.

La misión más importante ocurrirá en 1119, al ofrecerse de manera voluntaria para realizar la siguiente arriesgada misión: acudir por encargo de Diego Gelmírez a Roma para tratar con el papa la elevación de Compostela a sede arzobispal. Se pretendía también que el pontífice le asegurase la transferencia de la Diócesis de Mérida a Compostela. Con esto, el obispo compostelano se proponía dar un golpe de mano definitivo a Braga y lograr la sumisión de todas las diócesis de la vieja Lusitania romana bajo la mitra compostelana. A la dificultad diplomática que planteaba esta cuestión, se le sumaban las malas relaciones con Alfonso de Aragón, quien no hubiera dejado pasar la oportunidad de coger prisionero por sus tierras a un enviado de Gelmírez.

Finalmente Hugo, con distintos apoyos, logró su cometido, de manera que, entre finales de diciembre de 1119 y febrero 1120, se desarrollaron todas las gestiones diplomáticas para elevar a la categoría de arzobispo a Diego Gelmírez. Tras alcanzar su propósito, Hugo regresó a mediados de 1120 a Santiago, donde fue recibido con todo tipo de honores. Sus repetidos éxitos diplomáticos harían de él un personaje buscado y, sobre todo, muy considerado. [MR/XIV]


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