Xacopediafinis terrae.

Término latino del que deriva el topónimo Fisterra [Finisterre: ‘fin de la tierra’] utilizado desde tiempos remotos y no sólo por su situación geográfica, el último extremo del mundo conocido, sino también por su vinculación a las creencias de un más allá tras un mar infinito. Leyendas, tradiciones, antiguas consejas unen a todos los finis terraes atlánticos vinculados a la tradición céltica, desde Irlanda a Bretaña, desde Galicia a Portugal. Todos ellos cuentan con antiguos santuarios relacionados con remotas peregrinaciones, como se está demostrando cotidianamente en otros promontorios atlánticos de la misma Galicia (Facho de Donón, O Morrazo), donde centenares de aras votivas demuestran el espíritu religioso que a lo largo de la historia ha atraído a miles de seres humanos a estos remotos acantilados del fin del mundo.

En estos lejanos parajes, donde el sol se hunde tras un mar incógnito, es donde el historiador clásico Lucio Floro sitúa a las legionarios de Décimo Junio Bruto aterrorizados ante el sol desapareciendo como una pavesa en el Atlántico. Es en las costas de la Gallaecia donde Plinio ubica las misteriosas aras sextianas y diversos autores la no menos mítica ara solis, que otros muchos sitúan directamente en el cabo Fisterra cuando no en el cercano monte Pindo, el Olimpo Celta. Para los peregrinos ha sido también, a lo largo de la historia, un lugar de misterio no exento de cierto vértigo a lo desconocido. Gabriel Tetzel, uno de los cronistas de la peregrinación del noble bohemio Leo de Rozmithal, así nos lo hace llegar: De Santiago cabalgamos a Finster Stern, como la llaman los campesinos de Alemania, pero en realidad se llama Finis Térrea. Allí, al otro lado, no se ve otra cosa si no es el cielo y el mar, y se dice que allí la mar es tan brava que nadie la puede atravesar; también se dice que no se sabe lo que hay al otro lado, y partieron con barcos y galeras pero nadie regresó.” [JAR]


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