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En este país isleño del norte de Europa empezó a darse una corriente de peregrinación hacia Compostela durante el siglo XI. La evangelización de la isla vino de la mano de San Patricio, un anglo-romano que acometió la cristianización de Irlanda a principios del siglo V. Desde Eire viajarán multitud de monjes-itinerantes que llevarán a cabo el proceso evangelizador en múltiples puntos del continente europeo. Precisamente estos religiosos conforman el primer contingente de peregrinos (ss. VI-VIII) que, en palabras de Brian Tate, “habrían adoptado la peregrinación como un ejercicio ascético de por vida”. Destaca San Columbano (s. VI), quien propagaría la doctrina por Escocia y fundaría monasterios en Alemania, Francia y el norte de Italia. También la Anglo-Saxon Chronicle menciona a tres irlandeses llamados Dubhslaine, Macbeathadh y Maelinmhain, que escaparon de la isla en una barca sin remos. Los tres se dirigieron a ver al rey Alfredo de Wessex porque “deseaban, por amor a Dios, vivir en permanente peregrinación, no les importa adónde”.

Curiosamente las relaciones entre el noroeste hispano y la Isla Esmeralda, como también se conoce a Irlanda, comienzan a darse ya en el Neolítico. Así se refleja en el Lebor Gabála Érenn [Libro de las conquistas], escrito por monjes irlandeses en el siglo XI, donde se menciona al rey celta galaico Breogán, constructor de una alta torre desde la que sus hijos divisaron la verde tierra irlandesa. La torre sería identificada por la literatura romántica gallega como la Torre de Hércules. También en las crónicas irlandesas hay sitio para la temática jacobea. Incluso algunos autores citan una correspondencia entre la translatio y las leyendas de barcas de piedra que abundan en Irlanda. La literatura de estos siglos contribuirá de la misma manera a difundir el mito de la predicación jacobea en Hispania. En el caso irlandés, un monje del entorno de San Virgilio de Salzburgo (muerto en 784) dirige la segunda edición del isidoriano De ortu et obitu patrum.

Asimismo, Peter Harbison, autor de Pilgrimage in Ireland, the Monuments and the People, establece una correspondencia entre el estilo románico difundido por la Orden de Cluny, bautizado como el “estilo del Camino”, y el paso de las rutas peregrinas por Irlanda. El románico llegará a la isla en la década de 1120. Ejemplos de este modo de construcción y decoración pueden verse en las iglesias de las localidades de Clonfert, Clonmacnois, Killinaboy, Dysert O’Dea, Monaincha, Killaloe, Inchcleraun, etc., la mayoría de ellas edificadas durante el siglo XII. La decana de todas ellas sería la exquisita capilla de Cormac, en Rock of Cashel, erigida entre 1127 y 1134. Destaca también la catedral de Clonfert, fundada sobre el antiguo monasterio de San Brandán (s. VI), considerado uno de los principales patronos de las peregrinaciones marítimas de la costa oeste de la isla.

Cuando la invasión normanda llegó a la provincia occidental de Connacht (1235) este estilo llegó a su fin en Irlanda.

Siglos después, muchos religiosos procedentes de la isla serán acogidos en Galicia debido a la conquista inglesa y la imposición de la Reforma. Concretamente, entre 1653 y 1659 aparecieron en Compostela numerosos irlandeses expulsados por el régimen del terror de Cromwell. Algunos de esos refugiados del cabildo compostelano no sólo obtuvieron asilo en tierras gallegas, sino que consiguieron incluso reclutar gentes para luchar contra el invasor inglés.

Al igual que en Gran Bretaña, desde Irlanda partieron durante la Edad Media multitud de gentes en barco con destino a Compostela, sobre todo entre los siglos IX y XII, tal y como muestran los martirologios de la época. En principio no era tan frecuente el desembarco en las costas coruñesas, debido a que la travesía por el Atlántico resultaba especialmente peligrosa por la presencia de tormentas, la precariedad de las naves y las incursiones de piratas. La ruta preferida tenía su inicio en la puerta de Santiago de la capital, Dublín, situada en el litoral este. Desde el oeste, el puerto elegido por la mayoría de los romeros era Galway. Desde Waterford y Cork, al sur de la isla, salían barcos de peregrinos.

Los muelles ingleses de Saint Ives en Cornualles y Bristol -con importantes implicaciones comerciales para la isla- recibían a la mayor parte de los romeros, que visitaban la tumba de Santo Tomás de Canterbury y volvían a reembarcarse en la mencionada ciudad de Bristol y otros puertos de la costa inglesa meridional. Desde aquí surcarían el canal de la Mancha hasta distintos puertos de la costa francesa. Este itinerario fue de los más seguidos antes de la Guerra de los Cien Años (1337-1453) que enfrentó a ingleses y franceses. Será entonces cuando se produzca la expansión de las rutas por mar hasta Galicia.

Debe mencionarse la existencia de un importante tráfico marítimo en los siglos XII y XIII entre la pequeña localidad de Dingle y Galicia. Según Brian Tate, la presencia de peregrinos motivó el auge de esta ruta.

Uno de los más célebres peregrinos irlandeses se localiza en el siglo XX. Se trata de Walter Starkie, un hispanista autor de numerosas obras tanto literarias como musicales. Entre ellas, destaca su libro de 1958 The road to Santiago. Pilgrims of St. James.

Peregrinó a la catedral compostelana hasta en cinco ocasiones, la primera en 1924. En la parte final del escrito hace una crítica de la peregrinación en masa y de las comodidades de los itinerarios, basándose en sus experiencias en Roma, Lourdes y Fátima. Como si de un vaticinio se tratase, estas palabras, escritas hace más de cincuenta años, pueden incorporarse a la peregrinación jacobea de siempre: “La iniciativa moderna, facilitando el viajar rápido de la masa y eliminando los peligros, incomodidades y retrasos en la ruta a los templos santos, ha creado el culto de las ‘peregrinaciones sin lágrimas’, que es la antítesis completa de la idea primitiva de la peregrinación, que nos ha sido transmitida por los santos de la Edad Media. La peregrinación medieval no era solo un acto de gracia que llevaba al creyente a un contacto más estrecho con los santos y con los mártires de la religión, era también un acto de reparación por los pecados cometidos.”

En los últimos años ha aumentado de manera considerable el número de peregrinos irlandeses a Compostela. En el año 2006 obtuvieron la compostela 849 personas; en 2007 fueron 1.090; en 2008, 1535 y en 2009, 1722.

La promoción de las rutas jacobeas desde la isla tiene mucho que agradecer a la labor ejercida desde The Irish Society of The Friends of Saint-James, fundada en el año 1992 en Dublín.

Actualmente los peregrinos procedentes de este país viajan en avión y tren para iniciar el Camino en Francia -Le Puy, Saint-Jean-Pied-de-Port-, en España -Pamplona, Burgos, León- o incluso en Portugal -Oporto-, siguiendo la misma Vía de la Plata que atrajo a los caminantes de la Edad Media. [SOB]

V. Bristol / Dingle / Inglés, Camino / Irish Society Of The Friends Of Saint-James, The / mar, peregrinación por


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