XacopediaLogroño

Municipio de 150.100 habitantes (384 m) en el Camino Francés a su paso por La Rioja. A 613 km de Santiago. La capital de la comunidad autónoma riojana se articuló originalmente en torno al Camino de Santiago y debía prestar buena asistencia a los peregrinos porque Aymeric Picaud habla bien de sus recursos en el Codex Calixtinus: “Por Logroño pasa un río enorme, llamado Ebro, de saludables aguas y abundantes peces”, comenta, tras varios comentarios negativos de otras zonas aledañas. Pero ya antes del viaje de Picaud hay constancia del paso de peregrinos por la ciudad. El primer romero ilustre datado en Logroño es Gotescalco -o Godescalc-, obispo de Le Puy-en Velay, en el año 950.

Este enclave fue históricamente lugar de paso y cruce de caminos cuyas fronteras se disputaban los antiguos reinos de la Península Ibérica. Un hecho trascendental para entender el despertar y posterior auge de esta ciudad fue la decisión del rey navarro Sancho Garcés I, de desviar el Camino de Santiago por este territorio recién reconquistado en el año 920. Hasta entonces los peregrinos que venían de Pamplona y Estella pasaban por Pancorbo bordeando la sierra de Cantabria. Otro momento clave es la construcción del mayor puente del Camino que permitía a los peregrinos que ya usaban la nueva ruta acceder a la ciudad, y que fue impulsado por Alfonso VI de Castilla tras arrebatar estas tierras a Navarra a finales del siglo Xl. Desde entonces es lugar de paso obligado para quienes se dirigen a Santiago, aunque el puente actual fue proyectado por Fermín Manso de Zúñiga e inaugurado en 1884 con el nombre de puente de San Juan de Ortega, en honor a este santo al que muchos historiadores consideran el constructor de aquel primer puente de piedra del siglo XI, junto con Santo Domingo de la Calzada.

Una vez en el casco antiguo de Logroño, el peregrino pasará por varios templos, como la imperial iglesia de Santa María de Palacio -del siglo XII pero ampliada y reformada en los siglos XVI y XVIII-, la de San Bartolomé, la ermita de San Gregorio y el templo de Santiago el Real, de gran trascendencia jacobea, su construcción data de 1513, aunque algunos historiadores creen que existían otros templos anteriores en su emplazamiento; el original se remontaría a las primeras centurias cristianas y el segundo sería levantado por Ramiro I tras ganar la mítica batalla de Clavijo y poner fin al “tributo de las cien doncellas” que dio origen a la leyenda de Santiago matamoros.

La actual iglesia de Santiago el Real -que sirvió durante años como archivo municipal-, se caracteriza por sus relieves de escenas jacobeas y su profusión en esculturas, como la que se puede ver en la fachada meridional del siglo XVII. Se trata de una imagen de Santiago peregrino esculpida por Juan de Amezqueta y situada en una hornacina clasicista. Sobre ella se colocó en 1737 otra enorme estatua de Santiago matamoros, un grandioso grupo ecuestre del Apóstol en plena batalla -con la espada levantada y corcel enfurecido-, que representa la reconquista cristiana y que se ha convertido en uno de los símbolos más representativos de la ciudad. En el interior del templo un retablo mayor muestra múltiples escenas de la vida del Apóstol y, presidiendo la caja titular, vuelve a mostrarse una bella talla gótica policromada de Santiago peregrino -con hábito y bordón-, de tamaño natural y datada en el siglo XIV, por lo que pertenecería al templo anterior.

Al lado de la iglesia de Santiago está la plaza del mismo nombre, en honor al importante papel que el Camino ha tenido en la historia de esta ciudad. La plaza es un espacio singular frente al parque del Ebro, en cuyo pavimento se ha encastrado un peculiar juego de la oca con motivos jacobeos. A un lado se yergue la fuente de los Peregrinos (s. XVII), rematada con tres blasones y que imperecederamente es punto de referencia para los caminantes que atraviesan esta localidad y que, siguiendo la ruta, pasarán por la concatedral de Santa María la Redonda, cuyo origen data del siglo XII y que se ha convertido en una de las imágenes más conocidas de la capital riojana.

La importancia de Logroño como ciudad jacobea se ha mantenido a lo largo de la historia, como demuestran los servicios de acogida que tuvo la ciudad desde muy pronto. En 1192 se documenta la existencia de San Juan del Campillo o San Juan de Ortega, que quedaría donde hoy está el cementerio municipal. En 1214 existía ya el legendario convento de San Francisco que servía de albergue y dispensario a los romeros y que, según la tradición generalizada, fue fundado por el beato Francisco quien, en su Camino hacia Compostela curó milagrosamente al hijo de un capitán. Este, en agradecimiento, le regaló a los franciscanos una huerta a orillas del Ebro logroñés donde se levantó el primer convento de la orden. Aunque la historia no es comprobable, varios historiadores aluden a documentos que constatan que si la fundación no se debió al propio patriarca, sí quedaría dentro del área de influencia dejada por él a su paso por Logroño hacia Santiago.

Otro de los primeros hospitales -hay constancia escrita de su existencia en 1230- fue el de Roque Amador o Rocamor, de clara vocación jacobea pues se situaba en plena ruta, en la calle Ruavieja -que con su paralela calle Mayor conformaban la estructura típica de las ciudades de paso-. La denominación está relacionada con el famoso santuario mariano de Rocamadour, en pleno Camino de Santiago en Francia. Seguramente este hospital absorbió a otros de menores recursos, ya que aparece durante toda la Edad Moderna, en tanto que los demás se silencian en la documentación.

Pero Logroño contaba en estos años de auge jacobeo con muchos otros hospitales, como el de San Blas -anejo a la parroquia del mismo nombre-, el de San Lázaro -en la salida occidental de la ciudad-, el de San Gil -en la calzada hacia Navarrete-, o el de Santa María Munilla -en las faldas del monte Cantabria-. De todos ellos hay referencias documentales en el siglo XIII.

Actualmente Logroño, además de punto destacado del Camino Francés, es el lugar de enlace con otras rutas que cada año atraen a más peregrinos, como son las que parten de Tarragona -Caminos tarraconenses-, el Camino del Ebro o los Caminos del Bajo Aragón. Todos ellos confluyen en Zaragoza y de ahí siguen un único itinerario hasta Logroño, donde se unen al Camino Francés hasta Santiago de Compostela. Todos estos peregrinos que llegan a Logroño encuentran en la ciudad los servicios que necesitan, entre ellos un albergue situado en el tramo urbano del Camino, en plena Ruavieja, en una casona del siglo XVIII restaurada en 1993.

De propiedad municipal y gestionado por la Asociación Riojana de Amigos del Camino, es uno de los albergues destacados de esta ruta. En la misma calle se encuentra la sede principal de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, lo que deja de manifiesto la importancia jacobea de la ciudad. La oficina ofrece información tanto a los peregrinos que se dirigen a Compostela por cualquiera de los muchos caminos existentes, como a estudiosos, investigadores, etc. Es, además, la redacción de la revista Peregrino, órgano de expresión de la Federación.

Considerado de forma unánime como uno de los grandes pioneros contemporáneos del Camino de Santiago, el sacerdote José Ignacio Díaz Pérez ha hecho de Logroño y de la Ruta Jacobea parte esencial de su existencia. Antes de convertirse en párroco de la iglesia de Santiago de Logroño (2006), prestó todo tipo de servicios a los peregrinos en la localidad riojana de Grañón, también al pie del Camino, donde desde los años ochenta tomó contacto con su realidad diaria y puso en marcha una serie de iniciativas para mejorar su atención espiritual y de acogida, entre las que figuró uno de los primeros y más conocidos albergues del Camino.

Como consecuencia de estas inquietudes, y con la colaboración de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino, impulsó en la primera mitad de los pasados años noventa –tras la gran afluencia percibida en el año santo de 1993-, la red jacobea de hospitaleros voluntarios, una iniciativa tan singular como decisiva en la preservación de la histórica hospitalidad del Camino. Licenciado en Historia, y él mismo peregrino y hospitalero vocacional, ha impartido numerosas conferencias sobre el Camino y fue el primer director (1987-1996) de la revista Peregrino, a la que logró dar estabilidad, prestigio y difusión.

Con el padre José Ignacio ha colaborado, entre otros, el también peregrino y hospitalero pionero del Camino actual, Louis Janin, un francés que desde principios de los pasados años noventa se implicó en la puesta en marcha de distintos servicios hospitalarios en el Camino y en la propia red de los hospitaleros voluntarios, actividad cuyos valores ha difundido por distintos países europeos. Como recuerdan Denise Péricard y Louis Mollaret, Janin, nacido en 1923, realizó por primera vez el Camino -en esta ocasión entre Pamplona y Santiago- en 1964, guiándose por una edición francesa de la Guía del peregrino del Codex Calixtinus (s. XII).

Logroño es también el punto de referencia para uno de los peregrinos más conocidos del Camino de Santiago, Marcelino Lobato Castrillo, originario de la localidad leonesa de Regueras de Abajo (La Bañeza), en las inmediaciones de la Vía de la Plata. Es uno de los peregrinos que siguen utilizando la vestimenta histórica, con esclavina, capa, sombrero y bordón. Muchos peregrinos han coincidido desde los años noventa con Marcelino en el parque logroñés de La Grajera, donde con frecuencia se han encontrado con su pequeño refugio, ofreciendo todo tipo de ayuda, regalando bordones y consejos, sellando credenciales, etc. Su larga barba y su inconfundible silueta son de las que forman parte del renacer actual del Camino y de las que han contribuido a darle su exitosa singularidad contemporánea. [TRI]

V. Oca, juego de la


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