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Localidad de 148.470 habitantes (44 m) situada en el Camino Portugués a su paso por la región Centro de Portugal. Coimbra es lugar de paso obligado entre las ciudades de Lisboa y Oporto para los peregrinos que se dirigen a Santiago. El culto al Apóstol en tierras portuguesas se remonta al menos al año 862, cuando, por iniciativa del obispo Nausto de Coimbra (862-912), se le asigna el patrocinio de la iglesia de Castelo de Neiva; el territorio portugués era parte integrante del Reino de Asturias. Poco después comenzaron las primeras peregrinaciones desde las distintas ciudades lusas.

La figura del apóstol Santiago era conocida en estas tierras a través de numerosas leyendas y del libro Vida e Paixão dos Apóstolos. Pero quizá el hecho más significativo que enalteció su imagen como protector de los cristianos portugueses frente a las invasiones musulmanas está recogido en el libro jacobeo por excelencia, el Codex Calixtinus o Liber Sancti Iacobi, cuya redacción y difusión fue impulsada por el obispo compostelano Diego Gelmírez, empeñado en conseguir que, a través del camino jacobeo, Compostela se convirtiese en una ciudad santa abierta a todos los pueblos de Occidente, centro espiritual y comercial de relevancia universal y un modelo a imitar por toda la cristiandad.

En el libro II del Codex Calixtinus se cuenta la historia de un obispo griego llamado Esteban que renunció a su dignidad episcopal para venir como peregrino a Compostela, pero un día, cuando estaba entregado a la oración, vio como un grupo de peregrinos invocaba a Santiago, llamándole caballero; Esteban les dijo que no debían llamar caballero al santo, sino pescador, pero, esa misma noche, se le apareció Santiago, “vestido de blanquísimas ropas y no sin ceñir armas que sobrepujaban en brillo a los rayos del sol, como un perfecto caballero, y además con dos llaves en la mano. Y habiéndole llamado tres veces le habló así: -Esteban, siervo de Dios, que mandaste que no me llamasen caballero, sino pescador; por eso me aparezco de esta forma, para que no dudes más de que milito al servicio de Dios y soy su campeón y en la lucha contra los sarracenos precedo a los cristianos y salgo vencedor por ellos. He conseguido del Señor ser protector y auxiliador de todos los que me aman y me invocan de todo corazón en todos los peligros. Y para que creas esto más firmemente con estas llaves que tengo en la mano abriré mañana a las nueve las puertas de la ciudad de Coimbra que lleva siete años asediada por Fernando, rey de los cristianos, e introduciendo a éstos en ella se la devolveré a su poder. Dicho esto, se desvaneció a sus ojos”.

La liberación de Coimbra por parte del ejército cristiano encabezado por el rey Fernando I (1010-1065) entre los días 7 y 9 de julio de 1064 y la intercesión del apóstol Santiago es recogida también por la Historia Silense, escrita probablemente en el monasterio de Santo Domingo de Silos por el obispo Pedro de León, entre 1109 y 1118; el autor dice que “para que Coimbra, máxima ciudad de aquella región y capital que había sido de otras, se redujese al culto cristiano, el Rey se dirigió en rogativa a las puertas del bienaventurado Santiago apóstol, cuyo cuerpo, por divina asistencia de nuestro Redentor, dícese que a España fue traído. Y allí, hecha la rogación durante tres días para que tuviese éxitos prósperos y felices en aquella guerra, pedía que el Apóstol fuese intercesor por él ante la Majestad Divina”.

Estas dos versiones de la leyenda fueron sin duda recogidas de la literatura popular, transmitida por vía oral.

Posiblemente, la iglesia de Santiago, del siglo XII, fue mandada levantar por Sancho I (1185-1212) en honor del apóstol predilecto de Jesús -muy cerca del llamado Arco de Almedina, que significa en árabe ‘arco de la ciudad’ y es una de las vías de entrada al recinto amurallado- en agradecimiento por su intercesión a favor del ejército cristiano para liberar la ciudad de Coimbra de manos de los sarracenos después de haber peregrinado a Santiago de Compostela y por la ayuda que le prestó a su padre Afonso Henriques (1109-1185) en la batalla de Ourique. De esta forma, la ciudad queda para siempre vinculada a la figura del apóstol como miles Christi y protector de los cristianos, representado en su condición de Santiago caballero o matamoros, así como al fenómeno de las peregrinaciones, simbolizado en la imagen de Santiago peregrino.

Señala Huidobro y Serna que “el apóstol ama por igual a las dos naciones peninsulares, y cuando la vida de alguna de ellas ha estado en peligro, Santiago ha surgido siempre como campeón y defensor incontrastable [...]. Por eso los portugueses han mirado siempre a Santiago como algo propio y perteneciente a la entraña nacional. Y cuando peregrinaban a Compostela, no se sentían en tierra extraña”.

Sin embargo, hay que decir que en Coimbra, en las muchas representaciones iconográficas en las que aparece la figura del apóstol Santiago, lo encontramos en su condición de peregrino.

No obstante, en la nave del Evangelio de la iglesia de la Santa Cruz de Coimbra, está representada la batalla de Ourique, en la que el rey cristiano que encabeza su ejército, Afonso Henriques (1109-1185), porta un estandarte con una cruz en el que puede leerse: in hoc signo vinces. Afonso Henriques, que está enterrado en Santa Cruz también en la nave del Evangelio, venció a las huestes musulmanas, a pesar de que eran más numerosas, el día de la festividad del apóstol Santiago de 1139, por lo que se le atribuyó al Santo la intercesión en favor de las tropas cristianas. La tradición dice que el día de Santiago, Jesucristo se le apareció al monarca y le garantizó la victoria en el combate. Afonso Henriques instaló en Coimbra, su ciudad natal, la capital del reino y se autoproclamó rey de Portugal.

La relación entre las comunidades cristiana y musulmana, sin embargo, no fue siempre tan mala. En la nave sur del claustro de la Velha se encuentra el túmulo de Sesnando, primer gobernador de Coimbra inmediatamente después de la reconquista cristiana en 1064, mozárabe y gran diplomático, que fomentó la convivencia pacífica entre las dos comunidades.

Además de las representaciones iconográficas del apóstol Santiago, entre las que destaca la que aparece en la capilla del Santísimo Sacramento, donde Jesús tiene a su diestra a San Pedro, con las llaves de la iglesia, y a Santiago, con hábitos y bordón de peregrino; junto a ellos están también los demás apóstoles en la Velha. Asimismo pueden verse también numerosas vieiras jacobeas en la Velha, en la Nova y en la iglesia de Santiago, utilizadas como elementos decorativos de las fachadas, como hornacinas o incluso como pilas de agua bendita.

Asimismo, en la Velha, en el lado del Evangelio, se halla el túmulo, sin identificar, de un obispo que tiene en su escudo cinco conchas de vieira. También en esta primitiva catedral, se encuentra el sepulcro de Egas Fafes, que fue obispo de Coimbra (1248-1267) y arzobispo de Santiago de Compostela, aunque no llegó a tomar posesión de su cargo, pues falleció mientras viajaba a Santiago para hacerlo.

Otro de los aspectos que relacionan a Coimbra con el Camino de Santiago es la atención hospitalaria -en el sentido jacobeo del término- hacia los peregrinos. Una de las principales benefactoras fue sin duda la rainha Santa Isabel de Portugal. Favoreció sin descanso al monasterio de Santa Clara, donde recibió sepultura, y al cenobio hermano de San Francisco. Estos dos centros monásticos, tanto en la ciudad de Coimbra, como en el resto de Portugal y en España, ejercieron la caridad con los peregrinos, proporcionándoles limosnas y hospedaje. Nicola Albani, en su Viaje desde Nápoles a Santiago de Galicia afirma que posee unas cartas de afiliación con las que pedir limosna en los monasterios franciscanos de Portugal y señala que “con dichas patentes recogí en el espacio de tres meses que anduve por el reino cequíes limpiamente puestos en mi bolsillo, porque en todo el reino de Portugal, como en el de España, no hay pueblo que no tenga una congregación de san Francisco y aunque no haya convento sí hay hermandad de frailes y de monjas”.

Mandó construir la reina, cerca de los dos monasterios, un hospicio para pobres y peregrinos, y lo dotó de las rentas precisas para su funcionamiento. Dice la tradición popular que acudía allí a diario -siempre que sus obligaciones se lo permitían- para visitar y dar su cariño a los moradores. Cuenta la leyenda que un día, cuando se dirigía al convento de Santa Clara para llevar una limosna a los pobres, se encontró con su esposo el rey Don Dinís, que le preguntó qué escondía en su regazo. Ella, para ocultar a su marido que les llevaba un nuevo donativo a las hermanas clarisas para sus obras de caridad con los necesitados, le dijo que eran rosas y, a pesar de que en el mes de enero en el que se encontraban estas no florecen, un milagro hizo que las monedas se convirtieran en rosas a los ojos del rey. Esta leyenda popular fue adoptada por la iconografía cuando se reconoció la santidad de la reina. Hoy, la imagen de la padroeira de Coimbra, con las rosas en su regazo, sale todos los años pares en procesión desde el convento de Santa Clara hasta la iglesia da Graça, situada en el centro de la ciudad. En el coro bajo del convento de Santa Clara A Nova hay también una imagen de la Rainha Santa con el hábito de las clarisas y la corona real, y portando en su mano izquierda el bordón de peregrina, con la calabaza y la concha de vieira, como recuerdo de sus dos peregrinaciones al santuario apostólico compostelano.

Poco después de la muerte de su esposo, peregrinó a Santiago en el año 1325. Cuenta la leyenda que quiso viajar como una humilde peregrina y renunció a sus privilegios como reina ocultando su verdadera identidad en muchos de los tramos del Camino. Se postró ante el sepulcro apostólico el día 25 de julio de ese año y asistió a la solemne celebración presidida por el arzobispo compostelano Berenguel de Landoira (1317-1330). La reina realizó un importante donativo y el prelado le hizo entrega de un bordón de plata y una escarcela de peregrina, que fueron depositados por expreso deseo de la Rainha Santa en su túmulo funerario, en el convento de Santa Clara A Velha. Pocos antes de su muerte, en el año 1336, la Rainha Santa había vuelto como peregrina a Santiago de Compostela. Dejó, además, en testamento, quinientas libras para hospitales y albergues que atendieran a los peregrinos a lo largo del Camino de Santiago.

El 26 de marzo de 1612 fueron exhumados los restos mortales de Santa Isabel y, cuando se abrió el sepulcro, se encontraron la escarcela y el bordón de peregrina y su cuerpo incorrupto. El obispo Afonso de Castelo Branco (1585-1615), que presidía este acto como juez apostólico de Roma, les dio estos dos símbolos jacobeos en custodia a las monjas clarisas de Coimbra. En octubre de 1677 sus restos se trasladaron a Santa Clara A Nova y, desde el 3 de junio de 1696, reposan en una urna de plata situada en el altar mayor de la iglesia. En el coro alto están expuestos los restos del bordón que el arzobispo compostelano le regaló a la reina. También se conserva, en el coro bajo del convento de Santa Clara A Nova, el viejo túmulo donde la Rainha Santa estuvo enterrada en Santa Clara A Vella, en el que aparece con el hábito de las clarisas, la corona real, el bordón de peregrina en su mano derecha y la escarcela con la concha de vieira colgada de su hombro izquierdo; en el monumento funerario, en el lado izquierdo, está representada la figura del apóstol Santiago, junto a Jesucristo y los otros once apóstoles.

Otros ilustres peregrinos se cruzaron con Coimbra en su viaje piadoso a Santiago de Compostela. La visita a esta ciudad del príncipe Cosme III de Médicis fue recogida por los relatos del viaje realizados por Magalotti, Corsini, Gornia y Ciuti, y queda plasmada para la posteridad en una magnífica lámina realizada por Pier Maria Baldi. También, entre otros, Nicola Albani, narra su paso por Coimbra en su Viaje de Nápoles a Santiago de Galicia. [JS]

V. Esteban / Santiago de Coimbra, iglesia de


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